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Metáfora de lo cristiano.

2 sept 2010


Hay en Teloloapan un viejo castillo recuerdo de viejas glorias y viejas injusticias, todo en él es viejo, pero finalmente valioso, como reliquia en sí.

Fue construido por un cacique local al que suele darse la descripción de bondadoso antes que la de explotador, dador de tierras, pues acaparaba muchas. En fin, que quitaba pero luego daba, que pegaba pero sobaba y al cual por su
mesiánico altruismo, se le tiene hoy todavía en gran estima, sobre todo entre las personas llamadas cultas.

Así le describía a Patricio la historia de la construcción al pasar frente a ella, cuando de pronto rompió a carcajadas.

Observando mi desconcierto, me compartió la razón.

- ¿Pegaba pero sobaba? -preguntó.
- Sí -respondí-, y el consuelo luego del golpe sabía mejor por estar la carne abollada.
- ¡Curioso! -dijo- El sufrimiento da la sensación de mayor valor a las cosas... Pero es una manipulación malsana. Es realmente aterrador ponderar al sufrimiento como fórmula de la felicidad, como purificación a la manera del mártir... ¡todos quieren ser mártires!, como si el sufrimiento otorgase por sí mismo una elevación excepcional.

Hizo luego un gesto de desagrado y volviendo a reír, trajo a recuerdo el William Morifeld de Wilde, "aquel filántropo que ganaba 400 libras esterlinas anuales explotando a sus obreros y quería restituirles 500 en forma de subvenciones a los hospitales, y asilos de ancianos."
*



*Óscar Wilde, El viejo ovispo.

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Apología del futbol.

17 jul 2010


Las cafeterías preparatorianas suelen ser cuando más, un espacio confortable para recreo y solaz de los estudiantes, o por otro lado un acogedor lugar de deglución, y las menos veces hasta ambos. Sin embargo, jamás se supo de una como ésta, maguer abunden eruditos y expertos en la materia que de haberlo hecho ya habrían pregonado su descubrimiento, por lo que debo considerarme descubridor de una nueva división en cuanto a cafeterías preparatorianas se refiere.

La diferencia y mi mérito estriban en que aquí, como en ninguna otra, pueden verse no sin gozo, las camarillas de estudiantes y no, que discuten con trato solemne las más elevadas cuestiones del espíritu, apenas imaginables por el vulgo y de obligación para todo ser cultivado. En tanto que el deporte, rayano en lo indigno, por ser casi salvaje, no ocupa sus vidas y si acaso las ocupa ha de ser el que menos se acerque a la diversión del profano. El futbol, se entiende, no halla aquí partidarios.

Entre tan insigne concurrencia, me sorprendió la presentación hoy todavía temprano de mi viejo y garboso conocido Lucio Rubén, que sin yo saberlo por mi afición a la impuntualidad, había dado una magna conferencia bien temprano sobre la imperatividad de la culturización del pueblo, que por tan elocuente y consonante con el sentir general de su auditorio, le mereció el aplauso y elogio de los mismos aun fuera de él, por lo que ya habiéndonos saludado tuvimos que posponer la ansiada charla sobre los asuntos del otro dado que mis compañeros de henchidos como estaban no querían parar de lisonjearlo y algunos, los más locuaces, pidieron lugar entre nosotros.

Comenzó entonces uno de ellos un discurso que los otros siguieron con sus observaciones, y así mientras tragábamos oíamosles lanzar anatemas al vulgo y a las aficiones populares, que no quise insinuarlo, se antojaba similar a los miles que ya existen y que eschucharlos es naturalmente ya martirio. En su oportunidad, hizo menoscabo del futbol, y luego meliorativo un panegírico de la
cultura.

Por fortuna, Lucio le interrumpió y cuando esperaba aquél de éste la ansiada aprobación, dijo así mi amigo:

"Debo decir que la motivación de mi discurso no pretende ni el encono ni el parcialismo. Muy por el contrario, creo en el acerto de que todo hombre al que verdaderamente interese la cultura, no puede dejar de valorar todos los fenómenos que la misma nos presenta, en cuanto que son parte de ella, más allá de no encontrar con los mismos simpatía personal.

"No considero, ni por un momento, al deporte, verbigracia el futbol, sinónimo del salvajismo. Si Ud. pusiera atención, hallaría en esta actividad lúdica singularidades de gran interés, fuera de la apreciación somera y superficial del displicente prejuicioso. El futbol como ninguna sala de psicoanálisis, nos muestra con suma facilidad la real cara del aficionado. ¿No es esto señal de que halla allí liberación aquel hombre probo y circunspecto como es en su aprisionar diario, mientras se desfigura mostrándose casi inconscientemente? ¿No es ése un mérito
per se?

"Por otro lado, el futbol ayuda al reconocimiento como parte del clan, de la tribu y del grupo; fácil es ver al hombre ataviado con lo más folclórico del terruño.

"Sé, que increpará alguno que no puede haber parangón ni mezcla entre los ejercicios brutos y los ejercicios intelectuales, pero nada hay más equivocado y tales son sólo pretensiones de las poses y es incomprensible que prejuicios de tal magnitud se hayan prolongado hasta nuestros días cuando fueron desmentidos hace tanto.


"Ha sido siempre - "decía Papini- creencia de los hombres que política, moral, religión, arte, son manifestaciones superiores del espíritu, desvinculadas de la bolsa y del vientre; llega entonces un hebreo de Tréveris, Marx, y demuestra que todas aquellas idealísimas cosas proceden del barro y del estiércol de la baja economía.
[1] Ejem.

"Cuerpo y espíritu pueden ver Uds., están íntimamente ligados y no hay razón en consecuencia para avergonzarse de las actividades propias a nuestra naturaleza.


"Además, digamos con Villoro
[2] que para conocer a una sociedad es preciso conocer sus aficiones, ya Grecia, ya Roma, ya Mesoamérica, por lo que sería errado negar lo valioso de las mismas. En fin, que los deportes y mejor los de gran predicamento como el futbol, son indispensables para la sociedad y de insoslayable análisis para el estudioso. ¿Por qué sino reconociendo su importancia llamó así Platón a su gimnasia y Eurípides compuso la oda triunfal a Alcibíades, vencedor de las justas olímpicas?

"¿No fue además hasta que maniqueísmos de lado, surgen las grandes filosofías agrupadoras de Aristóteles, Santo Tomás, Kant y Hegel?


"La cultura finalmente engloba todo y nada puede sustraerse pues todo se halla unido y relacionado, maguer los maniqueístas nieguen esta conciliación al tiempo que dan gritos al cielo.

Hasta aquí presté oído a sus palabras, pues pronto fui llamado por mis maestros para realizar labores de mayor provecho que las vulgares charlas de cafetería.






[1] Giovanni Papini, Gog. Las ideas de Benrubi.

[2] Juan Villoro.

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El profesor Herminio.

10 jul 2010

Al finalizar la última clase, salí con prisa pero sin rumbo. La cátedra de Ecología I me había dejado inquieto y apenas avisté al profesor Herminio, impartidor de la misma, le perseguí con propósito de dilucidar mis dudas y exponerle mi interés, que a decir, no tuve oportunidad de manifestar en un sitio tan ruidoso como suele ser el aula.

Habiéndole alcanzado, manifesté sin dilación mi indignación por el obvio desinterés de sociedad y autoridades respecto de los peligros y riesgos que representaban los métodos comunes de crecimiento y desenvolvimiento, sobre todo, por haber sido ya advertidos por personajes de siglos pasados, como el congruentísimo Thoreau, lo que dejaba de lado la posibilidad de cualquier pretexto.

- Es cierto que Thoreau había advertido los riesgos que corría el orden natural de las cosas -dijo el profesor Herminio- de seguirse como se hacía, el camino marcado por el estandarte de la civilización y el progreso, tales como el agotamiento insalvable de los bosques con consecuencias ecuménicas; sin embargo, dilatado como estaba el afán industrial, Thoreau fue ignorado como triste precedente para los herederos de su carrera.

Condené interrumpiéndole, que las voces bienhechoras fueran siempre acalladas y lamenté el obcecamiento que impedía a los hombres avistar su final.

El profesor sonrió haciendo luego un gesto de modo que parecía dispuesto a revelar un secreto y dijo:

- La ceguera no es permanente. Thoreau como tantos, cometió el único error de nacer en el tiempo equivocado. Ciertamente ha habido y habrá períodos donde impera un temor generalizado por un fin apocalíptico. El presente, de hecho, es uno de esos períodos. Fenómeno especialmente atractivo si consideramos que no surge casual ni súbitamente en cualesquiera fechas.

"Hay épocas en las que los profetas sí encuentran oídos, éstas son periódicas y han sido pocas. El primer gran cundimiento de la creencia del fin del mundo se remonta al inicio de la nueva era, con el predicar de los profetas cristianos, que pese a aterrorizar a gran parte del mundo conocido, puede Ud. notar que estaban equivocados.

"El segundo gran período se sitúa mil años después, junto con las cruzadas cristianas, donde encontraron gran acogida y predicamento los anunciamientos apocalípticos de la doctrina de Joaquín de Fiore, que observará Ud., mantiene la constante de un milenio respecto de su próximo antecedente. Naturalmente, por la ventaja que nos otorga la distancia, podemos decir que también estaban equivocados.

"El tercer período o tercer milenio se da mil años más tarde en nuestro tiempo, dos siglos después del adelanto de Thoreau; y Ud. tan enterado como es, no desmentirá la diseminada creencia en nuestros contemporáneos de un próximo fin del mundo, basados esta vez en los fragmentos de la soberbia cultura maya.

Inquirí entonces: - puesto que la tercera es la vencida, ¿han atinado esta vez?

¡En absoluto! -respondió segurísimo el profesor Herminio- Éste como los anteriores es un pronóstico errado, sin embargo, no se apresure Ud. a demeritarlos, pues los susodichos forman parte de un ciclo de 12 periodos constantes. Es decir, son imprescindibles y necesarios.

"Como humanidad, tenemos por delante 9000 años todavía, en los cuales cada etapa presentará sus respectivos profetas, sus respectivos pronósticos y su respectivo final según sea el caso. Lejos de lo que anuncia el fatalismo, espera una luenga estancia; sin que esto deba ser incentivo para el ensañamiento con la naturaleza como hasta ahora se ha dado.

El profesor miró su reloj y lamentando ser tan descuidado se despidió rápidamente, acuciado por la obligación que le representaban sus alumnos, sin tiempo para dar respuesta a mi última pregunta: ¿por qué un ciclo de 12 períodos?

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El Dios incompatible, el Dios desconocido.

14 jun 2010

Ayer mientras caminaba por el mercado, fingiendo buscar algo y haciendo paso preocupado, encontré una hoja tirada que parecía abandonada; la leí y así decía:

"Fui como todos, lo sigo siendo; sin embargo, con el tiempo idea y pensamiento, ya uno ya otro, se apartan. De familia heredé el Dios. Infante, lo acepté entonces; puberto, lo desprecié después, con el encono característico del ateísta joven -impertinente en consecuencia, dice Platón-y que en la magia de un nuevo descubrimiento, del derrumbamiento del otrora sustento, impide ver en la propia conducta el dogmatismo que la empresa dice combatir y que en esa ilusión inocente y sincera ansía modificar y revolucionar el mundo todo.

"Pero la convicción no fue duradera, y poco después, me hallé en desprecio del ateísmo y sin serlo, coincidí con el agnosticismo. Me alejé ha poco. Por la misma época que decidí en el tema apartarme de toda clasificación, mi pensamiento encontró nuevas dudas. ¿Debía existir Dios? Sí, debía. El universo, todo, necesitaba razón alguna, dable ésta sólo por Dios o el Absoluto (o por lo que se le llame o no se llame), o en caso contrario, no necesitarla y ser todo una simple sin razón -¿por qué debería tener razón alguna?

"Frente a la dicotomía seguía la duda, mas, ¿es factible que un todo sin razón sea armonioso tal cual es, o que la casualidad tenga el grado de constante y armonía? En vista de que justificar la existencia con el absurdo era inviable, sólo quedaba Dios.

"¿Pero cuál Dios? El Dios cristiano, imposible. Un Dios omnipresente, caritativo como el cristiano, que lo es y lo abarca todo, ¿cómo es compatible siquiera con la existencia del mal? Si aceptamos la maldad negamos al dios cristiano, puesto que necesariamente el mal, al existir, debe existir en espacio alguno y éste no podría ser en Dios sino fuera de Dios, puesto que recordemos, Dios es sólo amor; ¿dónde quedaría el mal? Necesariamente fuera de Dios, y si hay algo que Dios no abarca, no es Todo, no es omnipresente ni omnipotente y deja de ser en consecuencia el Dios cristiano.

"San Agustín trata este problema. Lo resuelve diciendo que en realidad todo es Bien, y que el Mal no existe, sino que es relativo, no-ser o ausencia de ser.

"Sea cual fuere su denominación, la razón exige una causa primaria. ¿Cómo del no ser se pasó al ser? Imposible por sí mismo dado que no ser, y la causa siendo causa, no pudo ser casual.

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